CARACTERÍSTICAS DEL
ROMANTICISMO
El Romanticismo, como movimiento
cultural, surgió en Europa a finales del siglo XVIII. Tuvo sus orígenes en
Alemania. En 1825 el romanticismo en Colombia empezó a idealizarse y a aparecer
por primera vez, tenía un lenguaje romántico y poético.
SE DESTACAN ALGUNOS TEMAS:
* El paisaje: El hombre romántico
adapta el paisaje a sus sentimientos. Para algunos autores, esta temática es la
que justifica la idea de la existencia del romanticismo en Colombia, ya que los
autores europeos hablaban de la vuelta a la vida natural y su belleza.
* La exaltación de lo nacional y lo
popular: a través de la voz o la actuación de diversos personajes se
reconstruyeron aspectos del folclor y de las expresiones culturales del
territorio colombiano.
* La vida y la muerte: El dilema
existencialista se vio reflejado en novelas como María, en las que el hombre
sufre por un destino que domina su voluntad. El amor que sienten Efraín y María
se ve siempre afectado por los problemas sociales y cuando estos se resuelven,
la muerte demuestra la imposibilidad del amor llevándose a María.
Las características
principales del Romanticismo fueron las siguientes:
* Individualismo y
subjetivismo, que llevaban al artista a la expresión de sus propios
sentimientos.
* Deseo de libertad, que se
manifestó en todos los campos de la actividad humana: las ideas, la política,
la creación artística...
* Evasión de la realidad: los
artistas se inspiraban en países lejanos, en temas sobrenaturales e irreales,
como la muerte y el mundo de los sueños.
* Idealismo y, a la vez,
pesimismo, el artista sufría.
TEMAS DESTACADOS
DENTRO DE LA OBRA LITERARIA
MARÍA
El amor
María es un ingenuo idilio
sentimental, romántico, que ha sido comparado con Pablo y Virginia de J. H.
Bernardin de Saint Fierre (obra donde el autor francés trabaja el exotismo
paisajístico y el sentimentalismo), y con Átala de Chateaubriand, serie también
de relatos exóticos, como también hubiera podido serlo, en cierto modo, la
novela pastoril Dafnis y Cloe del sofista griego Longo, pero que no es
imitación servil de nadie, sino espontáneo y sentido recuerdo de un primer amor
purísimo, ideal en el más alto grado de romanticismo. Pero lo anterior no
excluye cierto sensualismo, algo de fetichismo -por supuesto, muy delicado y
cándido por parte de Efraín quien se extasía en más de una ocasión besando y
observando las prendas de la muchacha.
No duda en hacer elogios muy
detenidos del cuerpo de ella. Sus codos, la blancura de sus brazos; su cuello y
sus manos, los pies desnudos que la joven pretende cubrir en actos púdicos, son
materia de largas descripciones que obviamente nos indican pasión velada con
delicadeza de palabras respetuosas.
Este amor es eterno pues cubre la
totalidad de la vida del personaje que narra y se ha inmortalizado en las
páginas de la novela de Isaacs.
Por su parte, en María encontramos el
amor que aguarda. Es la paciencia pura, la resignación que jamás es vencida y
que, al contrario, se acrecienta con los obstáculos. Es el amor que destruye la
materia antes que agotarse en sí mismo. Es decir, en ella el amor todo lo puede
porque es espiritual.
Aunque la novela toca otros temas importantes,
desde un comienzo entendemos que el amor ocupará la generalidad de la obra,
porque María sólo se puede concebir como símbolo de amor, A lo largo de todo el
texto, sus actitudes, pensamientos y conductas están al servicio de! amor. No
hay un solo episodio donde nos encontremos con una María diferente a la
María-amor, y no hay un pasaje de amor en donde no aparezca la imagen de María
como arquetipo, como modelo indicativo de lo que es o debe ser un verdadero
sentimiento amoroso, a pesar de que en aquellos se halle el ideal de antemano.
Ella es la perfección, ella es amor.
La muerte
Como es común en el romanticismo, el
amor y la muerte van unidos en una conjunción trágica. Desde el comienzo de la
novela, y aunque la muerte no haya sido mencionada, se percibe cierta atmósfera
densa, cierta inclinación a lo desconocido, que nos anuncia turbulencias y
estados de ánimo agónicos. La simple partida del chiquillo Efraín fuera del
seno familiar, no hace más que presentarnos una especie de muerte a escala menor.
El hijo parte y el llanto invade un hogar. El dolor reina y el hijo debe
experimentar lo desconocido.
A su regreso todo parece brillar por
la ilusión, pero no tardan en aparecer signos inequívocos de angustia. María se
retira temprano a su habitación porque le duele la cabeza; falta a la mesa del
comedor en un acto inusual en las costumbres de la época y... su mano tiembla.
Su primer ataque oscurece la dicha y un ave negra que golpea la mejilla de
Efraín, nos hace perder toda esperanza contra lo fatal: es la alegoría de la
muerte que sonríe por primera vez y nos indica que su atención se ha depositado
en aquella muchachita indefensa y amada para no desviarse ya a ningún otro
lugar, porque es implacable y saborea con su rigor el padecimiento de quienes
se le oponen.
Todo en adelante será ilusorio para
los personajes de la novela y para el lector ingenuo. El ave sigue apareciendo
siempre con azotes de humor negro y nos acompañará hasta el final de la novela.
La esclavitud
Aunque muchos críticos han afirmado
que la sociedad plasmada en María es un mundo idealizado en que todos los
personajes son buenos y nobles, se puede cuestionar dicha afirmación. Ante
todo, nada de noble tiene una sociedad que admite la institución abominable de
la esclavitud. Isaacs demuestra la preocupación del Realismo al censurar esta
vulgaridad inhumana.

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